PELÍCULA: PA-RA-DA
ITALIA (2008)
DIRECTOR: MARCO PONTECORVO
ACTIVIDADES A REALIZAR:
1- LEER EL SIGUIENTE TEXTO QUE COMENTA Y PONE EN CONTEXTO LA PELÍCULA A VER LUEGO.
2- VER CON ATENCIÓN LA PELÍCULA QUE APARECE ABAJO DEL TEXTO. (YOUTUBE)
3- REALIZAR EL CUESTIONARIO EN WORD
4- ENVIARLO POR E-MAIL AL DOCENTE: rocchiadaniel@gmail.com (antes del 31 de marzo)
1- LEER EL SIGUIENTE TEXTO QUE COMENTA Y PONE EN CONTEXTO LA PELÍCULA A VER LUEGO.
2- VER CON ATENCIÓN LA PELÍCULA QUE APARECE ABAJO DEL TEXTO. (YOUTUBE)
3- REALIZAR EL CUESTIONARIO EN WORD
4- ENVIARLO POR E-MAIL AL DOCENTE: rocchiadaniel@gmail.com (antes del 31 de marzo)
1-LEER ESTE TEXTO:
ENTRE LA INDIFERENCIA Y LA SONRISA:
ENTRE LA INDIFERENCIA Y LA SONRISA:
LA BÚSQUEDA DEL RESPETO
(TEXTO EXTRAÍDO DE CUADERNILLO DE ARCHIVO FÍLMICO PEDAGÓGICO , JÓVENES Y ESCUELA - MINISTERIO DE EDUCACIÓN DE LA NACIÓN- DICIEMBRE 2014.)
(TEXTO EXTRAÍDO DE CUADERNILLO DE ARCHIVO FÍLMICO PEDAGÓGICO , JÓVENES Y ESCUELA - MINISTERIO DE EDUCACIÓN DE LA NACIÓN- DICIEMBRE 2014.)
Un payaso y varios niños. Un payaso y
burocracias a su alrededor. Alrededor de los
niños mucha
gente mirando para otro lado. ¿Qué
relación hay entre Miloud, el payaso, y las
burocracias; entre
los niños y la gente; entre el payaso
y los niños?
La película está basada en hechos
reales. Transcurre en Bucarest pero podría haberse
filmado
casi en cualquier parte del mundo.
PA-RA-DA es una compañía de circo callejero
formada por ni-
ños de la calle. Un emprendimiento
lúdico que intenta sacar a los chicos de la calle, tierra de nadie.
La película se inaugura con una
pregunta: “¿Tienes miedo?”. El niño comprende y no comprende lo que
le está preguntando Miloud. Son demasiado jóvenes para tomarse en
serio el mundo que los rodea. Parte del juego consiste
en no entender. Juegan a no entender. Aunque saben perfectamente
de qué se trata la calle, no tienen las herramientas para
comprenderla. Como todos los niños, se sienten todopoderosos y se llevan
el mundo por delante, o eso les gustaría. Pero a estos niños el
mundo los pasó por arriba. Son niños viejos que crecieron de golpe,
a fuerza de golpes. Golpes que provienen de todos lados.
Los niños están ahí, caminando entre
la multitud. Aguardando en los andenes, esperando a los
turistas. Nadie los ve o nadie elige verlos. Son como fantasmas. Están y
no están ahí. El esfuerzo por
cerrar los ojos tiene un nombre:
indiferencia. La indiferencia es la incapacidad de ponerse en el lugar
del otro. Cuando las personas no pueden ponerse en el lugar del
otro, no sólo ya no quieren pensarlo
sino tampoco pueden sentirlo. La
indolencia es uno de los rasgos de la vida en la gran ciudad.
Esto era algo que había advertido hace casi un siglo el sociólogo
alemán Georg Simmel. La gran ciudad va embotando los sentidos
hasta anestesiarlos por completo. La indiferencia se ha transformado en
la gimnasia cotidiana de una sociedad alienada, entrenada
para no ver. Una sociabilidad organizada a través de la
indiferencia. Todos los días, apenas ponemos un pie en la calle, sorteamos
montones de “cosas”, entre ellos a los vagabundos y los niños de
la calle. Nos sentimos el centro del mundo pero negamos al
resto que nos rodea, sobre todo si no comparte nuestros estilos
de vida, tiene otras pautas
de consumo, otros modales, usa otras
palabras, otros gestos. La indiferencia es la manera que
elegimos para estar en la ciudad. Todo el mundo sigue y nadie se
detiene. El prójimo está lejano.
Hasta que aparece un payaso a dirigir
el tránsito de los trashumantes y emular la indiferencia que portan.
¡Hasta al payaso eligen no ver! Pero al payaso no le importa.
Tiene otros planes para su actuación: ganarse la atención de los
niños. Los adultos se hacen los distraídos, no se detienen. En la
imitación que el payaso hace de sus poses, reconocen su vida
alienada. No tienen ganas ni tiempo para demorarse y devolver
siquiera una sonrisa de cortesía. Se sienten expuestos, molestos y lo
miran con bronca. Sólo los niños, que saben guardar la
ingenuidad, se detendrán en el payaso. Esos niños tienen todo el
tiempo del mundo. Sus vidas están hechas de ocio. Los niños
pendulan entre el ocio forzado y la mendicidad; el ocio forzado y la
ayuda social; el ocio forzado y alguna que otra fechoría muy menor.
Las travesuras son las maneras de activar la grupalidad y llenar el
tiempo muerto con el que se miden todos los días. El payaso se
propone robarles algunas sonrisas y llenar el tiempo con
diversión. A lo mejor tiene suerte y logra entusiasmarlos para pensar
entre todos otro rumbo para sus derroteros.
Al principio desconfían del payaso.
No están acostumbrados a la ternura y en la sorpresa manifiesta
que Miloud descubre en el rostro de los niños, entiende también que
hace tiempo que nadie les dedica una sonrisa, un mimo. Al menos
cuando la sonrisa tiene cara de grande. Porque
casi siempre, cuando la vida adulta les sonríe, es para abusar de
ellos otra vez. Miloud intuye que para
ganarse la confianza no bastan las monerías, hay que jugarse entero y
sumergirse con ellos. Transitar las mismas alcantarillas,
escaparse de los mismos pasadizos, avivar el mismo fuego, correr
los mismos riesgos. Al fin de cuentas, el payaso también es un
extranjero. Hay un mundo debajo del suelo.
Pero ese subsuelo no
tiene las fuerzas para sublevarse. Cuando se vive por debajo de la
línea de flote, y se habita en los bajofondos, la energía está puesta en
sobrevivir. Como las casas hechas con naipes, una brisa puede
voltearlas fácilmente y a cada rato hay que
volver a empezar. Los niños mendigan y bardean; se prostituyen y drogan en vivo y en directo. No obstante,
nadie los ve. Todo el mundo cerró los ojos. Juegan a la pelota, se
pelean y corren. Pero todos, o casi todos, eligen no mirar. Son
niños de todos lados que confluyen en una estación de tren. Estamos
en Bucarest, pero podría ser Retiro o Constitución. Están
varados en una estación esperando un tren que nunca sale, al menos
para ellos.
En un momento alguien
grita: “Ahí llegan los trenes” y los chicos salen a su encuentro.
Como moscas, empiezan a revolotear sobre los pasajeros. Y cuando
descubren un turista lo siguen hasta ganarle por cansancio. Ellos
venden tranquilidad a cambio de unas monedas. Molestan para
dejar de molestar. El precio de la tranquilidad es la caridad nuestra de
cada día. Todo va viento en popa a
fuerza de voluntad e imaginación. Dos palabras que las burocracias no
entienden. Sus protagonistas están entrenados para actuar en
piloto automático. Viven también de la indiferencia. Pero cuando
ponen el ojo sobre la diferencia se vuelven universales. Si no pueden
pensar la diversidad, mucho menos la dificultad. Su tarea
consiste en esconderla debajo de la alfombra. Si hay pobreza que no se
note. Dice la policía: “los chicos de la cloaca son vagabundos
y viven del carterismo y la prostitución”.
La sentencia estaba
escrita en el aire, sólo era cuestión de tiempo, dejar que la maquinaria
se ponga en marcha. El orfanato es el lugar para esconder lo que no
quieren y no saben cómo resolver.
Cuando llega el invierno
el sueño es el peor enemigo. Morir de frío es uno de los
riesgos que corren los chicos que viven a la intemperie. Pero también
quedar solos. Los niños se pelean pero se siguen de cerca;
pueden bardearse entre ellos pero saben cuidarse entre sí. Aquí y en todas partes,
los chicos de la calle son niños desangelados. No tienen a nadie que
cuide de ellos, más que ellos mismos. Y aquellos que deciden
arroparlos deberán sortear la mala conciencia de una burocracia que los
lleva no sólo a no hacer nada o hacer muy poco sino a
boicotear lo que otros quieren hacer. Una burocracia que, habiendo
fracasado en sus intentos, estando “sin presupuesto”, “padeciendo
ajustes”, se fue enfriando hasta la indolencia. Tampoco pueden sentir el
dolor del otro. Las burocracias están hechas para
permanecer en el tiempo, pero de manera insensible. Hace tiempo que ya no
corre sangre en sus venas. Se han vuelto frías como una
jaula de hierro. Acaso por eso mismo, todo lo que miran lo
capturan, agregándole más violencia al dolor de todos los días.
Desde ya que hay
distintas burocracias; de las que estamos hablando son aquellas donde la
vida se ha desencantado. Instituciones que fragmentaron las
tareas para licuar las responsabilidades personales. La vida les
pasa por al lado, pero la siguen mirando de lejos. En una
burocracia todos obedecen directivas, por eso nadie se equivoca. La división
del trabajo dentro de cada burocracia tiende no sólo a
despersonalizar a sus protagonistas, sino al trato que dispensan. El otro,
el destinatario de la acción del Estado, se vuelve un expediente, un
número, una cifra. Ahora bien, cuanto más complejo se hace un
aparato y mayores son sus efectos, tanto menos tenemos una visión
clara de ellos y tanto más se complica nuestra posibilidad de
comprender los procesos de los que formamos parte o de entender
realmente lo que está en juego en ellos.
Como decía Günther
Anders: “pese a ser obra de los seres humanos y pese a funcionar
gracias a todos nosotros, nuestro mundo, al sustraerse tanto a
nuestra representación como a nuestra percepción, se torna cada día más
oscuro”.1
Demasiado temprano para
morir. Demasiados niños para pensar en la muerte. Y sin
embargo, la muerte está ahí, al lado de ellos. La ven pasar a diario.
Tiene cara de policía, de indiferencia, de
comerciantes alertas,
turistas desconfiados, proxenetas y prostituyentes. Imaginamos, también, que
tiene cara de ferretero, el mismo que les vende el
pegamento diariamente. La muerte camina junto a ellos, y todos
los días elegirá a uno. Porque la muerte a veces llega de un día
para el otro, pero trabaja en cámara lenta, calando los huesos de a
poco, con el hambre, en todo momento.
Hablamos de niños solos,
o mejor dicho, de chicos en banda. Niños vulnerados. Niños
reclutados y regenteados por adultos que hicieron de la desgracia ajena,
una forma de sobrevivencia. Porque la
vulnerabilidad tiene sus
escalas. Y así como los grandes se aprovechan de los chicos, entre los
chicos hay alguien que sabe manipular a los más crédulos. Nadie
está en condiciones de oponerse a nada. No hay respeto o
este tiene muchas acepciones. De hecho, el payaso propondrá
cargarlo de nuevos valores y otras relaciones que sepan devolverles un
límite a tanto derrotero. Si hay respeto habrá esperanza.
Esteban Rodríguez
Alzueta
Abogado y magister en
Ciencias Sociales, docente e investigador.
2- VER LA PELÍCULA EN PANTALLA COMPLETA:
3- RESPONDER AL CUESTIONARIO:
Para alumnos
1.¿Qué situaciones concretas de indiferencia se muestran en la película? ¿Qué situaciones de “indiferencia” reconocen en su vida cotidiana? ¿Ustedes son víctimas de esa indiferencia? ¿Qué otros grupos, además del que muestra la película, consideran que son víctimas de
la indiferencia social? ¿Por qué crees que se dan estas situaciones? ¿Qué piensan ustedes sobre la dificultad de ponerse en el lugar del otro y “no mirar” o hacerse los distraídos?
1.¿Qué situaciones concretas de indiferencia se muestran en la película? ¿Qué situaciones de “indiferencia” reconocen en su vida cotidiana? ¿Ustedes son víctimas de esa indiferencia? ¿Qué otros grupos, además del que muestra la película, consideran que son víctimas de
la indiferencia social? ¿Por qué crees que se dan estas situaciones? ¿Qué piensan ustedes sobre la dificultad de ponerse en el lugar del otro y “no mirar” o hacerse los distraídos?
2. En la escuela, ¿existen situaciones en las que sienten ignorados? ¿Cuáles son? Qué hacen en esas situaciones?
3. ¿Identifican algo en la película sobre lo que les gustaría saber más? Una vez identificado esto: ¿pueden aportar algún dato o información?
4. La historia que cuenta la película es la historia de niños solos, vulnerados, en banda. Pensando en las dificultades que muestra la película, ¿hay algo de lo que ustedes hacen (o podrían hacer) que pueda contribuir a cambiar las situaciones que se muestran? ¿Qué otras cosas creen ustedes que debería cambiar? ¿Qué significado especial tiene el valor de "respeto" en la situación que muestra la película?
5. ¿Qué hace o podría hacer el sistema educativo para contemplar las situaciones de vulnerabilidad con la que acuden muchxs niñxs y sus familias a las aulas de las escuelas?
6. Realice un afiche de la película teniendo en cuenta todo lo conversado en esta guía. Utilice alguna plataforma de diseño para realizarlo. (Ej: www.canva.com)
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6. Realice un afiche de la película teniendo en cuenta todo lo conversado en esta guía. Utilice alguna plataforma de diseño para realizarlo. (Ej: www.canva.com)
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